12X12X12
Por Argenis Salazar Tortolero
En un sueño donde casi nada se movía. Ausencia de movimientos (o incapacidad de percibirlos por su neo-nanomaquinaria o sus nano ocultaciones.) de uno, o de grupos. Un cineasta con pintas de entrenador de boxeadores, leía su conferencia "Cine, instrumento de poesía". Las imágenes, el misterio, los sueños:"la luz cinematográfica está convenientemente dosificada y encadenada", decía nuestro poeta. Yo escribía con pluma desplumada (Montaigne soñaba con alguien que lo desplumara), algunas notas dispersas solo descifrables dentro de algún otro sueño; o de una Imago como escribiera Lezama. Un congelamiento de datos, de la memoria. De la clave Morse al ADN que es más barato que disco duro, más duradero pero que también hay que congelar. La tinta virtual de mi sueño, transmutó en inestable texto:
"Todo desplazamiento, roce o movimiento, generador de plumas, sonidos, fluidos o arañazos; son formas de escrituras. La pasiva motricidad, posibles lecturas. Jugando en espacios y tiempos comunes, deseando, y en espera del on/off instantáneo y eterno de ordenadores cuánticos; prefiguran el final del juego antiguo e inevitable: El silencio, la muerte del 0,1 y el 2; la muerte del otro. Afirmación y negación, nacimiento y muerte; las dos fechas probables de Borges en un solo y único gesto. Fantasmagoría; promiscuidad carnavalesca sin conmutadores. El tercero, cuarto y quinto: Sentidos sin sentido, ausencia de ellos o convenientes despistes. De luz, de vista, olfato o del buen gusto para poder sentir la falta de cera. La de los oídos de los compañeros del héroe, la de la miel de Virgilio y la de su traductor al español de buena cera de Luis de León. Nos lo recordó Maeterlink con sus termitas, abejas y boxeadores. Aficionados al billar con tacos con cera para dar pie con bola. El intuitivo sexto, ausente como el aura de Benjamin, produce falsos modelos, fantasmas, monstruos de la razón y la sin razón. Y por alguna que otra razón, la figura del burócrata tan odiado por Musil y sus hombres sin atributos. En una palabra -que vale por seis o exagrama-: Mercancía. El séptimo, que ni arte, Pitágoras, ni parte, que aunque de caballería, también de pecado. Como el octavo, capital y el único según Canetti, que es el querer sobrevivir a todos. El noveno y décimo: Mandamientos. Man D, Mandela, Mandala. Mandan, más bien obedecen, las leyes del mercado. Las palabras y las cosas que muy lejos de Foucault, continúan-disfrazadas- con sus juegos de poder. De poder vender. El de la Once: vende cupos y cupones. Rasca y gana con las uñas, monedas o boli sin tinta. El doce como la dodecafonía, los meses y los apóstoles, pero sin el poeta y sus parábolas. Huele a escepticismo, desengaño y a cínico oportunismo. Como el Wittgenstein de su "A tus errores sácales dinero.", y sus inciertas certezas. Pero apelando a doce virtudes pragmáticas y protestantes:
Padre -¿Hija a que fue lo que me dijiste que te dedicabas?
Hija - Prostituta padre, prostituta.
Padre - Ah, gracias a dios,yo creí escuchar protestante.
Divertidas paradojas como las de Wilde, que al enfrentarlas, medirlas o mejor munirlas (como decía Lacan) a lo real, a Duchamp, Cage, Beuys, al televisivo Nam June Paik o a las sillas de La Monte Young, más que diferencias, emanan o destellan las similitudes o simulacros propios de la parodia. Con aspiraciones a una tímida ironía que se derrite como el plástico de un humor anacrónico ante el fuego de cualquier mirada urgente y necesaria. Nada más eficaz que el disfraz de artista actual. Basta con cualquier ordenamiento "esteticista", un buen curriculum profesional y al menos un comprador. Si este ni siquiera aparece; el problemas sigue sin ser artístico. Como los Refritos del siglo XX que según Duchamp, poblaron el tiempo y el espacio de su mingitorio.".
El poeta/cineasta/ boxeador, entonces habló de Nazarín, del padre Nazario, de putas, de Tolstói, de Madrid y de "El idiota" de Dostoievski. De los suyos y de los de Galdós. Yo ya no escribía, estaba desplumado. Pude ver al cineasta encerrado en una jaula de 12X12X12. Pero sus barrotes eran unos enormes bolígrafos con anotaciones que intentaban explicar sus películas o el gran tema del moderno enjaulamiento del Quijote y los encarcelamientos de Cervantes. Textos más bien escritos, desde adentro de la jaula por la tradición. Desde afuera: por un cura, un barbero, un bachiller o una bolsa repleta de histéricos gatos chillones. Sancho, estaba viendo su serie preferida en youtube. De repente, el cineasta se incorpora y muy contrariado grita el nombre del obispo armenio:
¡Esrou-Esdrás, redivivo!
Me desperté. Tenía que escribir un texto que me había solicitado mi amigo Miguel Álvarez-Fernandez con relación a su pieza: "Doce composiciones para bolígrafo". Twin Studio Gallery, Madrid, 2013. 12 bolígrafos con 12 anotaciones, sugerencias, instrucciones o partituras escritas en cada uno de los bolígrafos. Dentro de su estuche o cajita casi todo made in China. Nada más difícil que escribir a cerca de un amigo. Mucho más después de haber jugado juntos a los chinos. Primero lo intenté con los valores de la retórica Aristotélica. Pero aparte de las descompensaciones del pathos, el ethos y el logos, terminaría por parecerme a un "crítico barbudo", a Harold Bloon o peor aún, a su shakespeariano John Falstaff. Lo intenté con la cabala, con la cava-la catalana, con el I Chin y hasta con el tarot, pero nada. Ya los había intentado acercar, aparejar o empalizar con tres de mis iconos-artísticos preferidos: La jaula de Don Quijote, la cajita asiática de Belle de Jour de Buñuel y el ruidito oculto dentro de un cilindro de una pieza de Duchamp. Pero los tres sonaban envueltos en un secreto; en un misterio. El primero: Jaula con sus ruedas en el camino de la locura y de la amistad. El tercero, donde ni siquiera su autor supo cual era el objeto que producía su sonar. El segundo, mediano o el del medio; mediaba con las palabras, sus imposibles traducciones y la seria complicidad entre una puta de lujo y su asiático cliente. Misterioso secreto de todos aquellos que vendemos y compramos en un mismo acto vil. Secreto rentable y erótico, en los deseos de toda compra-venta. Los tres sonaban. A su manera pero sonaban y seguirán sonando. Y para terminar de desplumar mis impotentes juicios críticos, ninguna de mis tres cajitas o jaulas vienen con instrucciones. Ni con textos ni partituras. Así que como ya no tenía ni más líneas, ni más muerte ni más tiempo (Deatline), y como todo tiempo es cuenta, y no contaba con más tiempo, decidí transcribir todo mi sueño y mi alucinante crítica onírica. Para terminar de espabilarme con 4 "aforismos teológicos". Uno judío, otro católico-jesuítico, otro musulmán y el último de un ateísmo místico. El primero del poeta Sem Tob, que nos indica que por eso dios nos dio dos orejas y una sola boca, para oír más y hablar menos. El segundo de Baltazar Gracián y su aforismo de la brevedad, que por ser breve no es tan malo. Compartimos con el tercero, nuestra condición de infieles: a la amistad, al filos, al arte, a nosotros mismos, y para colmo, a nuestro dios y hasta al mismísimo Alá. El peor de los ateísmos es el descoyuntamiento de todo lenguaje. El de un loco o el de un poeta terminal. Tan temible, tanto para la razón, para el Vaticano, para el capitalismo, así como para cualquier poderoso o sociedad enferma y alienada. Desde Rodez y su "Pesa-nervios", Antonín Artaud tras dejarnos su poesía, sus piezas sonoras a golpe de gritos puro nervios y angustia, y su teatro de la crueldad, nos confiesa su asco por toda escritura; por los literatos; por cualquier literatura.
Faltarían otros ocho comentarios, para completar los 12 de Miguel Álvarez-Fernandez y sus 12 bolígrafos. Pero queda compensado por nuestros más de 12 años de amistad. Nuestras más de 12 conversaciones. Los más de 12 prestamos de 120 euros, devueltos a los 12 días. Los más de 12 kilómetros que separan nuestros continentes; yo de América del sur y él de esta España sur europea. Y que tal y como van las cosas, terminaremos compartiendo un mismo apodo. Ya compartimos oficios y artificios. Las trampas y las jaulas del hoy tan de moda John Cage. El mismo entusiasmo y el mismo genio. Para el ingenio, nos harán falta mucho más que 12 bolígrafos. Más que suficientes para agradecerle su generosa amistad. El incalculable valor de sus gestiones como divulgador del arte sonoro y las músicas actuales. Pero sobre todo y ante todo, el habernos recordado con su "12 composiciones para bolígrafo", metidas en una caja con su diseño repetido de interiorismo industrial, que sirven y servirán para muchas cosas: Como música mobiliario, para escribir y dejar de hacerlo, como sofisticadas armas blancas, como herramienta oculta de cualquier humilde o flamante notario o escribano, o para sacarnos los tapones de cerumen. Todo a pesar de que como escribiera el compositor/filósofo /recoge setas: "Escribir una pieza de música no sirve para nada". O mejor, como pensaba Artaud: todo texto, toda literatura (disimulada, camuflada o no): "toda escritura es una cochinada[...] Todos los literatos son cochinos y en especial los de esta época [...] una porquería.".
Argenis Salazar - Madrid, Otoño, 2013 Copyright ©
En un sueño donde casi nada se movía. Ausencia de movimientos (o incapacidad de percibirlos por su neo-nanomaquinaria o sus nano ocultaciones.) de uno, o de grupos. Un cineasta con pintas de entrenador de boxeadores, leía su conferencia "Cine, instrumento de poesía". Las imágenes, el misterio, los sueños:"la luz cinematográfica está convenientemente dosificada y encadenada", decía nuestro poeta. Yo escribía con pluma desplumada (Montaigne soñaba con alguien que lo desplumara), algunas notas dispersas solo descifrables dentro de algún otro sueño; o de una Imago como escribiera Lezama. Un congelamiento de datos, de la memoria. De la clave Morse al ADN que es más barato que disco duro, más duradero pero que también hay que congelar. La tinta virtual de mi sueño, transmutó en inestable texto:
"Todo desplazamiento, roce o movimiento, generador de plumas, sonidos, fluidos o arañazos; son formas de escrituras. La pasiva motricidad, posibles lecturas. Jugando en espacios y tiempos comunes, deseando, y en espera del on/off instantáneo y eterno de ordenadores cuánticos; prefiguran el final del juego antiguo e inevitable: El silencio, la muerte del 0,1 y el 2; la muerte del otro. Afirmación y negación, nacimiento y muerte; las dos fechas probables de Borges en un solo y único gesto. Fantasmagoría; promiscuidad carnavalesca sin conmutadores. El tercero, cuarto y quinto: Sentidos sin sentido, ausencia de ellos o convenientes despistes. De luz, de vista, olfato o del buen gusto para poder sentir la falta de cera. La de los oídos de los compañeros del héroe, la de la miel de Virgilio y la de su traductor al español de buena cera de Luis de León. Nos lo recordó Maeterlink con sus termitas, abejas y boxeadores. Aficionados al billar con tacos con cera para dar pie con bola. El intuitivo sexto, ausente como el aura de Benjamin, produce falsos modelos, fantasmas, monstruos de la razón y la sin razón. Y por alguna que otra razón, la figura del burócrata tan odiado por Musil y sus hombres sin atributos. En una palabra -que vale por seis o exagrama-: Mercancía. El séptimo, que ni arte, Pitágoras, ni parte, que aunque de caballería, también de pecado. Como el octavo, capital y el único según Canetti, que es el querer sobrevivir a todos. El noveno y décimo: Mandamientos. Man D, Mandela, Mandala. Mandan, más bien obedecen, las leyes del mercado. Las palabras y las cosas que muy lejos de Foucault, continúan-disfrazadas- con sus juegos de poder. De poder vender. El de la Once: vende cupos y cupones. Rasca y gana con las uñas, monedas o boli sin tinta. El doce como la dodecafonía, los meses y los apóstoles, pero sin el poeta y sus parábolas. Huele a escepticismo, desengaño y a cínico oportunismo. Como el Wittgenstein de su "A tus errores sácales dinero.", y sus inciertas certezas. Pero apelando a doce virtudes pragmáticas y protestantes:
Padre -¿Hija a que fue lo que me dijiste que te dedicabas?
Hija - Prostituta padre, prostituta.
Padre - Ah, gracias a dios,yo creí escuchar protestante.
Divertidas paradojas como las de Wilde, que al enfrentarlas, medirlas o mejor munirlas (como decía Lacan) a lo real, a Duchamp, Cage, Beuys, al televisivo Nam June Paik o a las sillas de La Monte Young, más que diferencias, emanan o destellan las similitudes o simulacros propios de la parodia. Con aspiraciones a una tímida ironía que se derrite como el plástico de un humor anacrónico ante el fuego de cualquier mirada urgente y necesaria. Nada más eficaz que el disfraz de artista actual. Basta con cualquier ordenamiento "esteticista", un buen curriculum profesional y al menos un comprador. Si este ni siquiera aparece; el problemas sigue sin ser artístico. Como los Refritos del siglo XX que según Duchamp, poblaron el tiempo y el espacio de su mingitorio.".
El poeta/cineasta/ boxeador, entonces habló de Nazarín, del padre Nazario, de putas, de Tolstói, de Madrid y de "El idiota" de Dostoievski. De los suyos y de los de Galdós. Yo ya no escribía, estaba desplumado. Pude ver al cineasta encerrado en una jaula de 12X12X12. Pero sus barrotes eran unos enormes bolígrafos con anotaciones que intentaban explicar sus películas o el gran tema del moderno enjaulamiento del Quijote y los encarcelamientos de Cervantes. Textos más bien escritos, desde adentro de la jaula por la tradición. Desde afuera: por un cura, un barbero, un bachiller o una bolsa repleta de histéricos gatos chillones. Sancho, estaba viendo su serie preferida en youtube. De repente, el cineasta se incorpora y muy contrariado grita el nombre del obispo armenio:
¡Esrou-Esdrás, redivivo!
Me desperté. Tenía que escribir un texto que me había solicitado mi amigo Miguel Álvarez-Fernandez con relación a su pieza: "Doce composiciones para bolígrafo". Twin Studio Gallery, Madrid, 2013. 12 bolígrafos con 12 anotaciones, sugerencias, instrucciones o partituras escritas en cada uno de los bolígrafos. Dentro de su estuche o cajita casi todo made in China. Nada más difícil que escribir a cerca de un amigo. Mucho más después de haber jugado juntos a los chinos. Primero lo intenté con los valores de la retórica Aristotélica. Pero aparte de las descompensaciones del pathos, el ethos y el logos, terminaría por parecerme a un "crítico barbudo", a Harold Bloon o peor aún, a su shakespeariano John Falstaff. Lo intenté con la cabala, con la cava-la catalana, con el I Chin y hasta con el tarot, pero nada. Ya los había intentado acercar, aparejar o empalizar con tres de mis iconos-artísticos preferidos: La jaula de Don Quijote, la cajita asiática de Belle de Jour de Buñuel y el ruidito oculto dentro de un cilindro de una pieza de Duchamp. Pero los tres sonaban envueltos en un secreto; en un misterio. El primero: Jaula con sus ruedas en el camino de la locura y de la amistad. El tercero, donde ni siquiera su autor supo cual era el objeto que producía su sonar. El segundo, mediano o el del medio; mediaba con las palabras, sus imposibles traducciones y la seria complicidad entre una puta de lujo y su asiático cliente. Misterioso secreto de todos aquellos que vendemos y compramos en un mismo acto vil. Secreto rentable y erótico, en los deseos de toda compra-venta. Los tres sonaban. A su manera pero sonaban y seguirán sonando. Y para terminar de desplumar mis impotentes juicios críticos, ninguna de mis tres cajitas o jaulas vienen con instrucciones. Ni con textos ni partituras. Así que como ya no tenía ni más líneas, ni más muerte ni más tiempo (Deatline), y como todo tiempo es cuenta, y no contaba con más tiempo, decidí transcribir todo mi sueño y mi alucinante crítica onírica. Para terminar de espabilarme con 4 "aforismos teológicos". Uno judío, otro católico-jesuítico, otro musulmán y el último de un ateísmo místico. El primero del poeta Sem Tob, que nos indica que por eso dios nos dio dos orejas y una sola boca, para oír más y hablar menos. El segundo de Baltazar Gracián y su aforismo de la brevedad, que por ser breve no es tan malo. Compartimos con el tercero, nuestra condición de infieles: a la amistad, al filos, al arte, a nosotros mismos, y para colmo, a nuestro dios y hasta al mismísimo Alá. El peor de los ateísmos es el descoyuntamiento de todo lenguaje. El de un loco o el de un poeta terminal. Tan temible, tanto para la razón, para el Vaticano, para el capitalismo, así como para cualquier poderoso o sociedad enferma y alienada. Desde Rodez y su "Pesa-nervios", Antonín Artaud tras dejarnos su poesía, sus piezas sonoras a golpe de gritos puro nervios y angustia, y su teatro de la crueldad, nos confiesa su asco por toda escritura; por los literatos; por cualquier literatura.
Faltarían otros ocho comentarios, para completar los 12 de Miguel Álvarez-Fernandez y sus 12 bolígrafos. Pero queda compensado por nuestros más de 12 años de amistad. Nuestras más de 12 conversaciones. Los más de 12 prestamos de 120 euros, devueltos a los 12 días. Los más de 12 kilómetros que separan nuestros continentes; yo de América del sur y él de esta España sur europea. Y que tal y como van las cosas, terminaremos compartiendo un mismo apodo. Ya compartimos oficios y artificios. Las trampas y las jaulas del hoy tan de moda John Cage. El mismo entusiasmo y el mismo genio. Para el ingenio, nos harán falta mucho más que 12 bolígrafos. Más que suficientes para agradecerle su generosa amistad. El incalculable valor de sus gestiones como divulgador del arte sonoro y las músicas actuales. Pero sobre todo y ante todo, el habernos recordado con su "12 composiciones para bolígrafo", metidas en una caja con su diseño repetido de interiorismo industrial, que sirven y servirán para muchas cosas: Como música mobiliario, para escribir y dejar de hacerlo, como sofisticadas armas blancas, como herramienta oculta de cualquier humilde o flamante notario o escribano, o para sacarnos los tapones de cerumen. Todo a pesar de que como escribiera el compositor/filósofo /recoge setas: "Escribir una pieza de música no sirve para nada". O mejor, como pensaba Artaud: todo texto, toda literatura (disimulada, camuflada o no): "toda escritura es una cochinada[...] Todos los literatos son cochinos y en especial los de esta época [...] una porquería.".
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