domingo, 19 de diciembre de 2010

19 de Diciembre 2010. 00h, nada menos y todo más. Cien años de L.L.




El escritor y columnista dominical de El País (España): Manuel Vincent, recientemente escribió que sus perros le habían enseñado más que Schopenhauer.
Interrogado mi gato: Murrianguiño, por el ensayo “Acerca de unos versos de Virgilio” de Montaigne, su desprecio fue tal (me vio, y prosiguió su siesta infinita enfrente del televisor), que mi conclusión es que mi gato, además de una ignorancia escandalosa; yo me lo merecía. Pasé a preguntarle por: Pascal, Santo Tomás de Aquino, Platón, Homero, Heráclito de Éfeso, Moisés, Ekklesiastés, San Mateo, por el mismísimo Jesús, por todos los poetas que me vinieron a la cabeza, pero sobre todo por: Sor Juana, Fray Luis de León y San Juan de la Cruz.  Pero lo único que logré, tras una leve meneada de cola, fue que de sus entrañas saliera un extraño ruido comprimido, que sino fuera por respeto a usted lector, juraría que se trataba de uno de esos silenciosos (invisibles), aparentemente inofensivos, resumidos, elegantes y prudentes, pero matadores pedos gatunos.
Ya por último, e intentando resumir (re-sumar), ingenua y  tristemente solicité de mi gato alguna noticia del gran Lezama Lima. Pero ya para sabotearle su cómoda parálisis de gravidez forzosa, le grite en la oreja izquierda: “¡Y que por nombres no quede: José María, Andrés y Fernando!”. Murrianguiño no se inmuto, pero desde varios puntos del apartamento se reportaron eventos maravillosos: sonó la tetera, crujieron urdimbres, cuajaron los lácteos rumiantes y el postre Vasco. “Chorreaba la luz en los tres pisos…”, con “…blancura espesa del ópalo”. Y un sin fin de otros más desconocidos. Al volver a la sala para seguir molestando al gato, Murrianguiño se había  esfumado, pues las puertas también se habían abierto. Tres días duró su desaparición. Partió el 17 de Diciembre  y ha aparecido hoy 19 de Diciembre del 2010. Y como conmemorando el centenario del nacimiento del gordo voluptuoso de trocadero, salió de mi biblioteca donde se había escondido y dedicado a arañar mi colección de Lezama. Hoy, y viendo mi impotencia para dedicarle algo digno al poeta cubano y siendo algo injusto tantos homenajes a tantos otros, me limito a transcribir algunos arañazos o sub-rayados invisibles realizado por mi gato oblicuo y coral:

“Voluptuoso de Perigord” (Montaigne), “Maestro Estéfano” (Mallarmé)
Melón con ventana y hielo; el “mogollanate” que tampoco está de más; como piscina de Siloé
Pre- rafaelísmo de Martincillo: citas uñas pintadas.
Indistinción sexual del hálito en los taoístas
Fantasmal Vagina de sueño de Foción.
El divinal porquerizo Eumeno como primer reconociente: desatendido por Nietzsche.
Y todo tu capitulo X  de Paradiso.
“Relámpago es violeta si alfiler en la nieve y terco rostro”, “…el secreto en geranio convertido…”, “…chorros de abejas increadas…” de tu muerte de Narciso.
La portada de la primera edición de “Tratados en la Habana”.
Nada más pudo arañar Murrianguiño, ¡he llegado a tiempo gato cabrón!.
Por lo tanto y para que no te vuelvas a esconder, te dedico estos versos del cervecero/ Güagüero:
                              
 “El que se va y no viene
  busca el ají que no tiene.
  El que viene y no se va,
  más nunca le pesará
  más nunca le pesará…”
                           
Así pues empecemos; “ …podemos empezar”, con lecciones y “ritmo hesicástico”,
alfiles en francés (Fous: Locos), “cualquier fin es el pavo”. Me niego a que los perros de Vincent sepan más que yo, que Schopenhauer y que mi querido, vago y gordo gato castrado. Aunque tal vez,  al igual que Lezama Lima, “Su misterio estaba en que a veces su piel temblaba, sin saber quien dictaba ese temblor”.

Madrid, 19 de Diciembre del 2010.






1 comentario:

  1. Decía Lezama que, "quizá toda generación rompe con la anterior". Sin embargo, cada una de ellas se van integrando hasta formar una sola: "las que se disfrutan y las que se desconocen y nos interrogan despiadadamente". Tal vez tu gato pertenece a una de esas generaciones que ha roto con toda posibilidad de respuesta. A lo mejor, el muy gatuno sabe que las respuestas son precarias, no hay certezas, sólo conatos de verdad en cada teoría, interpretaciones relativas del imago recreado por Lezama.

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